Si alguna vez has sentido molestias en las rodillas, la cadera o simplemente has notado que tus zapatillas se desgastan de forma irregular, la respuesta suele estar en un solo lugar: tu pisada.
Entender cómo impactan tus pies contra el suelo no es solo para atletas de élite; es esencial para cualquier persona que quiera caminar o correr sin dolor.
Tipos de pisada
1. Pisada pronadora
La pronación es, en realidad, un movimiento fisiológico natural del pie para amortiguar el impacto. El problema surge cuando este giro es excesivo (sobrepronación).
- Qué sucede: El pie se hunde hacia la zona interna al caminar.
- Desgaste: Verás que la suela de tus zapatillas está mucho más gastada en el borde interno.
- Riesgo: Es común en personas con pies planos y puede causar fascitis plantar o dolor de rodilla si no se usan zapatillas con estabilidad.
2. Pisada supinadora
Es el caso opuesto y, afortunadamente, el menos frecuente (afecta aproximadamente al 5% de la población).
- Qué sucede: El pie realiza el apoyo principalmente por el borde exterior. En lugar de rotar hacia adentro para absorber el golpe, el pie permanece rígido.
- Desgaste: La parte lateral externa de la suela es la que desaparece primero.
- Riesgo: Suele darse en personas con arcos muy altos (pies cavos). Al no amortiguar bien, el impacto viaja directo a las articulaciones, aumentando el riesgo de esguinces o fracturas por estrés.
3. Pisada neutra
Es la pisada técnicamente «eficiente». El pie impacta, prona ligeramente para absorber el choque y termina el movimiento de forma alineada.
- Qué sucede: El movimiento es lineal y el peso se distribuye de manera uniforme.
- Desgaste: Verás una forma de «S» suave desde el talón exterior hasta el dedo gordo.
- Ventaja: Tienes la libertad de usar casi cualquier tipo de calzado sin necesidad de correcciones especiales.
¿Cómo saber cuál es la tuya?
Lo ideal es acudir a un especialista con sistema de análisis de pisada.Recuerda que tu cuerpo es una cadena. Una mala pisada no se queda en el pie; sube por el tobillo, afecta la rodilla y termina en tu espalda. Elegir el calzado correcto no es un gasto, es una inversión en salud.
