Dolor lumbar y cervical: causas y tratamiento

Sentir dolor en la «columna completa» es una de las consultas más comunes y, aunque suele ser muy molesto, la mayoría de las veces tiene solución con cambios de hábito y paciencia. El dolor cervical (cuello) y lumbar (espalda baja) suelen estar conectados por la postura global del cuerpo.

1. Causas principales

El dolor suele dividirse en dos categorías: mecánico (por movimiento/postura) o estructural.

  • Malos hábitos posturales. El uso excesivo del móvil («cuello de texto») o sillas de oficina no ergonómicas que curvan la zona lumbar.
  • Sedentarismo. La falta de tono muscular en el «core» (abdomen y espalda) deja a la columna sin soporte, cargando todo el peso en las vértebras.
  • Estrés y tensión emocional. El estrés suele acumularse en los trapecios (cervicales), provocando contracturas por tensión constante.
  • Lesiones estructurales. Hernias discales, protrusiones o artrosis (desgaste de los cartílagos).
  • Esfuerzos agudos. Levantar peso de forma incorrecta o un movimiento brusco.

2. Tratamientos habituales

El enfoque suele ser escalonado, de lo menos invasivo a lo más especializado.

Medidas inmediatas (Primeras 48-72h)

  • Calor local. Aplicar una almohadilla térmica 15-20 minutos ayuda a relajar la musculatura contracturada.
  • Reposo relativo. No te quedes en la cama todo el día (es contraproducente), pero evita cargar pesos o hacer deportes de impacto.
  • Analgésicos. El uso de paracetamol o antiinflamatorios (como el ibuprofeno) suele ayudar, siempre bajo consejo médico o farmacéutico.

Recuperación a medio plazo

  • Fisioterapia. Vital para «soltar» los puntos gatillo y reeducar el movimiento.
  • Ejercicio terapéutico. Disciplinas como pilates o natación son el «estándar de oro» para fortalecer la faja abdominal y proteger la zona lumbar.
  • Higiene postural. Ajustar la altura de la pantalla del ordenador y usar sillas con soporte lumbar.

¿Cuándo deberías preocuparte?

Debes acudir al médico de inmediato si el dolor se acompaña de:

  1. Pérdida de fuerza en brazos o piernas.
  2. Hormigueo constante o adormecimiento que baja por las extremidades (ciática).
  3. Dolor que no mejora en absoluto tras una semana de descanso.
  4. Fiebre asociada al dolor de espalda.

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